Educando desde y para personas libres

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Tradicionalmente se ha definido como propio del espacio escolar la transmisión de determinados conocimientos, habilidades o lo que ahora le dicen capacidades, y como propio del ámbito de la educación no formal, y concretamente de los Centros Socioculturales ha sido el valor intrínseco de la formación como herramienta transformadora.

Son dos realidades que cada vez están tendiendo más puentes y que en algunos momentos se encuentran, otras se repelen y otras se complementan. Muchas veces la educación formal trata de encontrar soluciones a los procesos de enseñanza – aprendizaje en la comunidad y sus proyectos de educación no formal. El programa Èxit del Consorcio de Educación de Barcelona o los proyectos educativos en Institutos de A Coruña con la Fundación Radio ECCA son claros ejemplos.

Foto de Utopia Street Art

Victor J. Ventosa (2008:127)  define con mucha claridad como el paradigma educativo ha ido variando y pasando de unas relaciones profesor – alumno rígidas y muy normativizadas a otras más flexibles y personalizadas, de un proceso formativo orientado al resultado a otros más enfocados a los procesos, de sistemas de trabajos burocratizados a otros basados en el trabajo en grupo, desde unos espacios cerrados y separados del entorno a otros abiertos y con interacción con el medio, desde un tiempo formativo limitado a la infancia y la juventud a otros de aprendizaje permanente, durante toda la vida. Es decir desde unos recursos y métodos tradicionales de carácter formal y predominantemente receptivos asociados a una comunicación unidireccional a otros no formales y activos basados en una comunicación bidireccional, horizontal y en red.

En este, supuesto nuevo paradigma educativo, los Centros Socioculturales, son herramientas necesarias para la comunidad para organizarse y actuar como protagonistas de su realidad, compartiendo un punto de partida y un destino común. La comunidad es educadora y educando, teniendo cada vez mayor conciencia de este hecho. Los Centros Socioculturales definidos como espacios de encuentro, de creación social y cultural son claramente espacios de “de educación en, desde y para el tiempo libre”. Pero donde la educación en, por y desde el tiempo libre, tal como plantea Pablo Waichman (2008), no es un tiempo desocupado o liberado de obligaciones si no un tiempo de libertad para la libertad como transformación de la persona generando protagonismo y autonomía.

La práctica cotidiana de los Centros Socioculturales con una presencia importante de la comunidad en sus espacios de decisión o en aquellos que en su totalidad son gestionados por la propia comunidad [2]nos da una riqueza de elementos increíbles para analizar estos conceptos. Lugares intergeneracionales creados de manera colectiva, con una propuesta de aprendizaje a lo largo de la vida creada por sus propios educandos. Por lo tanto un lugar donde el rol de educador – educando va variando de forma continua o los dos se mantienen al mismo tiempo en todo momento. Todas las acciones están cargadas de contenido pedagógico, todo se aprende y se enseña en cada momento. Tal como plantea Paulo Freire (García y Hernández 1999): “Todos nosotros sabemos algo. Todos nosotros ignoramos algo. Por este motivo aprendemos siempre”.

La tradición histórica de los Centros Socioculturales en Cataluña ha estado vinculada a la comunidad con una intencionalidad educativa que pretende la transformación de la persona y su entorno desde la implicación voluntaria de la comunidad que lo forma. Confirmando que la línea pedagógica de estos Centros van más allá del consumo cultural y del usuario consumidor entendido como cliente. Lo que buscan prioritariamente es el protagonismo e implicación de la persona. Podemos definir este Centros como Escuelas de Participación o de espacios educativos desde y para la ciudadanía. Así que podemos plantear, tal como hacían las escuelas racionalistas durante la primera parte del siglo XX, la educación como problema político (Solà 1976). Estoy hablando de la educación como herramienta de transformación social.

El pedagogo indio Krishnamurti  (Tapan 2001: 273-286) plantea que “todo acto de un individuo afecta a los demás, porque” ser es ser en relación”. Las personas a nivel individual formando parte de una comunidad intentan generar de manera colectiva el discurso y la acción pedagógica que permita generar las herramientas necesarias para convertirse en PERSONAS LIBRES.

Quiero utilizar este concepto con mayúsculas conscientemente, dando sentido a las palabras del sociólogo Bauman[3] cuando dice, que en un mundo regido por el principio de placer casi sin ligaduras, reintroducir la ética es una necesidad imperiosa. Poblar el mundo con personas que se interesan por los demás no figura en el mapa de la utopía consumista. Esta carrera hacia la satisfacción personal provoca una desafección por los asuntos públicos y sociales, de manera que el espacio privado se conquista desahuciado a otros seres humanos y en especial a la clase de personas que se interesa por otros o que pueden necesitar la atención de otros.

Por lo tanto hablo de PERSONAS LIBRES, de aquellas que se sitúan como seres protagonistas capaces de analizar su realidad e incidir para transformarla dejando de lado cualquier dogma. De personas que toman su destino e intentan transformarlo de manera colectiva. Hablo de ciudadanos/as, con el concepto de persona que asume derechos y deberes con compromiso en su comunidad independiente de un DNI o pertenencia a una nacionalidad.

Jean Claude Michéa (2002:14), define la inteligencia crítica como la aptitud fundamental de la persona para comprender a un tiempo el mundo que le ha tocado vivir y partir de qué condiciones la rebelión contra este mundo se convierte en una necesidad moral.

Por lo tanto no estoy hablando de una ciudadanía definida a partir del perfil consumista o clientelista, de la persona como ser consumidor exigente que aprende los métodos para rebelarse para conseguir el mejor precio o la mejor calidad en el producto presentado si no como personas capaces de encontrar y crear espacios dignos para el ser humano.

Como dice Leonel Moura (1997:17) no hay humanidad sin comunidad. Con las generaciones más jóvenes es básico romper el sentimiento de no pertenencia. Se han de encontrar espacios comunes, ya que el no formar parte de nada designa el fin de la vida antes de comenzar esta verdaderamente. Y es en estos espacio donde los Centros Socioculturales están jugando un papel, que aún debería ser más importante, encaminándose hacia un espacio de inclusión humanización rompiendo así con el consumo de falsas necesidades y urgencias ilusorias consumistas. Los Centros Socioculturales como espacios intrageneracionales donde la juventud vuelve a ser un espacio de la vida y huye del prototipo de tipo mercantil que pretende darle sentido llenándola de productos y consumos específicos.

Generar espacios gestionados por la comunidad y por tanto también para los jóvenes (Alcántara 2009) hace que se trabajen todas las capacidades para desenvolverse adecuadamente en su entorno, como PERSONAS LIBRES y comprometidas con la realidad que viven. La no existencia de espacios comunitarios es EXCLUSIÓN. Dicho de otra manera no tener espacios de relación de construcción colectiva nos enajena.

En palabras de John Macmuray (1974) la base de la relación entre las personas es la comunicación y la mutualidad del trabajo cooperativo desinteresado es el que define la persona, es lo que la hace libre. Por lo tanto se es libre en cuanto se crece como personas en relación positiva con otros. Por lo tanto desde los Centros Socioculturales el apoyo mutuo (Kropotkin 1989) en la elaboración de propuestas pedagógicas se convierte en herramienta de desarrollo y trabajo comunitario.

Por lo tanto los Centros Socioculturales es básica la presencia activa de su comunidad más cercana en la creación e impulso de espacios que reflexionen y actúen en relación a las líneas educativas (Bidó de Nou Barris 2010) que llevan a cabo. De una manera sintética, estos espacios deben estar creados por personas que forman parte o estén interesadas en el Centro Sociocultural como herramienta, que de manera voluntaria sumen sus conocimientos y praxis. Este espacio debe ser heterogéneo con diferentes perfiles y roles que representen el amplio abanico de la realidad de personas del Centro. Estos aventureros y aventureras de la educación deben poder definir los valores en los que quieren trabajar y los que quieren transmitir, los objetivos pedagógicos del centro, los proyectos y actividades que llevan a cabo para cumplirlos y un seguimiento continuo que les permita hacer propuestas de mejora. Asimismo deben estar coordinados con el resto de espacios del Centro Sociocultural y difundir su labor y sus resultado para informar, transmitir e implicar a más personas en su acción transformadora.

Esta es una tarea necesaria a los Centros Socioculturales para el desarrollo de una sociedad participativa, autónoma, independiente y crítica. Formada por PERSONAS LIBRES capaces de hacer evolucionar su entorno a partir de su propia formación.

Antonio Alcántara Alcántara

e-mail: jeselito@gmail.com

Septiembre 2010

BIBLIOGRAFIA:

ALCÁNTARA, A.; “Dinamización en equipamientos y proyectos socioculturales gestionados por jóvenes”; 2009; nº10; Quaderns d’Animació i Educació Social;

BIDÓ NOU BARRIS– Comissió de Formació i Circ Social , “Jornades de reflexió pedagògica. En quins valors eduquem?”; 2010 ; Ateneu Popular 9Barris

GARCÍA; J.D.; HERNANDEZ, M.G.; “Paulo Freire. Semblanza Bibliográfica”. Acción Educativa, Revista Electrónica del Centro de Investigaciones y Servicios Educativos. Universidad Autónoma de Sinaloa. Volumen I, Número 0, Agosto de 1999. Culiacán, Sin. México. http://www.uasnet.mx/cise/rev/Cero/

KROPOTKIN, P.; “El apoyo mutuo”; 1989; Editorial Madre Tierra;

MACMURRAY, J.; “Personas en relación. La Forma de lo personal”; 1974; Barral Editores.

MICHÉA; J.C.; “La escuela de la ignorancia”; 2002; Acuarela Libros; pág. 14

MOURA, L.; “Los hombres-basura”;1997; Ed. Iralka; Pàg.17

SOLÀ, P.; “Las Escuelas Racionalistas en Cataluña (1909- 1939)”; 1976; Tusquets Editor.

TAPAN, M.; “J. KRISHNAMURTI (1895–1986)”; Perspectivas: revista trimestral de educación comparada (París. UNESCO: Oficina Internacional de Educación), vol. XXXI, n° 2, junio 2001, págs. 273-286.

VENTOSA, V.; “Perfiles y modelos de animación y tiempo libre”; 2008;  Editorial CSS; pág .127.

WAICHMAN.P.;”Tiempo libre y recreación. Un desafío pedagógico”; 2008; Ed CSS.

www.ateneu9b.net

www.biciosxs.prouespeculacio.org

www.canbaste.com

www.edubcn.cat/exit/

www.lainvisible.net

www.pumarejo.org

www.radioecca.org


[1]Ciudadano – educando” hace referencia a la doble consideración de persona de de derechos y deberes, y de persona en proceso de aprendizaje.

[2] Como ejemplos la Casa del Pumarejo en Sevilla o la Casa Invisible en Màlaga o en Barcelona el Ateneu Popular 9Barrris, La Farinera del Clot, Can Basté, Casal de Bari de Prosperitat, Taller de Autoreparación de bicis o el Kasal Jove de Roquetes entre muchos otros.

[3] Zygmunt Bauman (1925), polonès, sociòleg i professor emèrit de l’Universitat de Leeds, guardonat amb el premi Príncep d’Astúries de comunicació i humanitats 2010

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